El vaso de Guinea

Puedo pensar que un simple vaso no tiene valor, pero yo tengo uno que no tiene precio.

Es un vaso de los que llaman "Vintage", un palabrejo que no me acaba de gustar. Ese vocabulario nuestro que ¿se enriquece? a base de palabras de otras lenguas. Vintage es como como ser tibio, ni frío ni calor;  o como diría en su canción Víctor Jara :"ni chicha ni limoná"; Vintage no es ni antiguo ni actual. Pero mi vaso es Vintage. Ha sobrevivido unos sesenta años, como sobreviven los objetos por encima de la supervivencia de las personas. Ellas se van y lo material queda
Y si,  mi vaso no tiene precio.

Es de cristal, de cristal grueso,  pesa, está hecho a prueba de golpes, aunque tiene los bordes rotos y ha perdido transparencia. Pero es único. Único en todos los sentidos de la palabra. Único porque no hay ninguno más en la cristalería. Único porque está pintado. Si, pintado por mi madre. Pintado con recuerdos de Guinea, el continente que me vio nacer. Pintado con personajes ataviados con vistosos abalorios, como los clothes, que llevaban las nativas de aquellas tierras contrastando con su morena piel.

Y ya sabéis porqué siento que este vaso no tiene precio.

Ahora mismo lo voy a llenar de un buen vino y a brindar por mi madre, por mi y por todos vosotros.