dimarts, 25 de juliol de 2017

La respuesta en el mar. Zenda #UnMarDeHistorias


LA RESPUESTA EN EL MAR

Discutimos.
Cerré la puerta de un portazo y amenacé con no volver.
Caminé hasta la playa buscando calma.
Al mar le confesé mis motivos, mis razones. Le pedí que su brisa alejara de mi pensamiento lo que había sucedido. Empezó a agitarse. Su vaivén era como mi soberbia prepotente y mi altivez en la discusión.
El agua se encrespó. Levantaba espuma. Su roce dañaba mis pies. Al cielo le nacieron nimbos que advertían precipitaciones. El sol se apagó tras el horizonte.
Entendí el mensaje.
Regresé.

Para Zenda #UnMarDeHistorias

Donde descansas. Zenda.#UnMarDeHistorias


DONDE DESCANSAS

Mi espíritu se fortalece cada atardecer al acercarme a esta playa, cuando guía mis pasos, hacia ti, el plateado reflejo de la luna sobre el mar.


Para Zenda #UnMarDeHistorias

Hacia la luz. Zenda #UnMarDeHistorias


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HACIA LA LUZ

Antes de partir cerró puertas y ventanas. 
Ni ella ni el sol ávido de colarse entre rendijas volverían a esa casa.
Entornó los ojos.
Respiró hondo.
Liberó la rémora que perturbaba su calma.
Enterró recuerdos bajo guardapolvos de sabanas solitarias.
Por la carretera, al bordear la costa, un haz de luz, reflejo del agua, incidió en su mirada en el instante en que una lagrima caía por su mejilla hasta la comisura del labio. 
En el cosquilleo esbozó una sonrisa y la intuición de que el mar colorearía sus despertares.

Zenda#UnMarDeHistorias

Más de lo mismo. Zenda. #UnMarDeHistorias

MÁS DE LO MISMO

Regalé mi vida hasta los treinta y cinco.
En ella iba un mundo de censuras, represión, tabúes. Un mar de incertidumbres, dudas, inseguridad. Un desierto de trastiendas, poses, apariencias. Y un aire de desamor, celos y traiciones.
Todo angosto, infértil y enrarecido.
De aquello no quería nada.
Era mi pasado.
Te quedaste el lote entero.

Junto a ti creí haber aprendido a ser yo misma, a ser libre, a ser feliz.

Hoy de nuevo regalo mi vida.
_ ¿Alguien la quiere?
Con ella va un mundo de censuras, represión, tabúes. Un mar de incertidumbres, dudas, inseguridad. Un desierto de trastiendas, poses, apariencias.Y un aire de desamor, celos y traiciones.
Todo angosto infértil y enrarecido.
De esto no quiero nada.
Es mi presente.
Regalo el lote entero.
Puede que tenga futuro.
Para Zenda #UnMarDeHistorias

diumenge, 16 de juliol de 2017

No estando tú, la materia no es nada.

Hoy hace dos meses.
No te olvido.

Ya todo ha terminado.
Desalojaron tu casa.
Ahora en ella habita el silencio, el vacío, porque yo sé que no estando tú, la materia no es nada.

Algunos muebles han acabado como un desecho en la calle, donde va a parar lo que no sirve, donde han de estar los trastos viejos que estorban. Lejos.
Y los otros, los que dicen que tienen más valor, sillerías isabelinas, espejos y lámparas centenarios, objetos de plata, obras de arte, vajillas antiguas… cualquier dia me los encontraré en el mercadillo de los Encantes, en la tienda del anticuario que se los ha llevado, a cambio de nada, “por hacernos un favor”.

Pero yo sé que no estando tú, esa materia no es nada.

En tu casa el tiempo se paró cuando dejaste el sofá color malva, la mesa camilla de faldas estampadas, el butacón con el almohadón hundido, al lado del teléfono, donde esperabas mi llamada cada tarde, en los jabones de lavanda que perfumaban tu ropa.
El tiempo se paró en tu dormitorio, donde sentirías muchas veces la soledad y el vacío añejo en el lado derecho de tu cama.
Se paró el tiempo en la libreta que dejaste con el punto de página que te bordé en tela de seda y bajo la funda de las gafas que ya no te servían para tus ojos cansados. Se quedó el tiempo quieto en los objetos más simples que sobrevivirán aún después de haberte ido para siempre, como el vaso de agua sobre la mesa que tal vez calmara tu sed en un último sorbo o las migas del pan que aquel día te alimentó.

Pero yo sé que no estando tú, esa materia no es nada.

Durante mucho tiempo conservé todo tal como tú lo dejaste.
Iba a tu casa, recogía el correo, sentía el olor de tus cosas,  y mi mirada se detenía en la caja de metal dorado de tu abuela con su nombre grabado: Aurora; en la máquina de coser con la que confeccionaste tantos sueños y tan poco reconocidos. Mi mirada se detenía en el mantel de encaje desencajado, regalo de una amiga que se fue antes que tú, y sobre tu tocador, veía las pulseras centelleantes y las perlas, el signo de tu coquetería que has mantenido hasta el final.
Miraba los espejos que se jubilaron con tu ausencia, porque ya no reflejaron nunca más tu silueta. Y los vestidos en tus armarios, tus zapatos, todas tus pertenencias que mantenías en delicado orden...
Ellos y yo, cuántas veces hemos llorado tu ausencia al intuir que no regresarías.

Pero yo sé que no estando tú, esa materia no es nada.

Tu casa está vacía.
Las paredes desnudas, tatuadas por los contornos de los cuadros como sombras de su existencia.
Todo inerte como tantas imágenes de fotos que llenaron tu vitrina, de aquellos que decían quererte y nunca lo demostraron cuando eras ya viejita.
Las bombillas penden de un hilo desarropadas sin el cobijo de sus mamparas. El salón en penumbra, como siempre, porque tus ojos de delicada mirada, no toleraban la luz exterior porque hacia aumentar tu ceguera.
Ante esas paredes huecas te llamo sabiendo que el eco de mi voz, reverberando en las  estancias vacías, llegará a donde tú estés.

Me asomo a la terraza por última vez y veo a la gente transitando ajena a la tristeza que me embarga, igual de ajenos que aquellos que necesitabas cerca en la soledad de tu vejez,  y solo te mostraron indiferencia y desapego.



Y ahora, mamá, tengo un montón de cosas que me has dejado en el lote de lo que llaman herencia. Demasiadas. Me reconforta el transistor que te ronroneaba por las noches al acostarte, las muñequitas antiguas de gorritos estampados y pompas de jabón en la bañera, el jarrón de tu abuela que quisiste tener contigo hasta el final, … eso que yo sé que no estando tú, es materia y no es nada, pero tengo, y me reconforta todavía más, un espacio profundo donde guardo tu mirada, tu sonrisa, tus recuerdos, tus ganas de verme, tus últimas caricias, el eco de tu voz cantando conmigo en las últimas horas del adiós, ese espacio profundo se llama corazón. En él guardo lo que nos hemos regalado en vida.

Eso que yo sé que no es materia y lo es todo.