dilluns, 17 d’abril de 2017

El presagio del anaquel

La vidriera emplomada filtra una luz especial que le da calidez a mi despacho. Un haz proyecta sobre mis papeles un arco iris que se refleja también en las monedas, plumillas, sellos y cartas que están amontonados sobre la mesa. Paso las horas sentado en mi sillón frente a la biblioteca, protegido por el muro de sabiduría que son mis libros antiguos. A mi nieta le pido que me lea en alto. Sus ojos son mis ojos ya que, por mi edad avanzada, se han vuelto opacos. Le hago escoger un libro y de memoria le señalo la página dónde están las ilustraciones de mi hermano Enric, el xilógrafo Ricart, que tanto le gustan.
Pasamos las tardes entre Josep Pla, Eugeni D’Ors y Josep María de Sagarra, amigos de familia, ya ausentes, por los que siento admiración.
Me relaja tanto la lectura que a veces mi nieta se cree que estoy dormido, y no es así. Si algún párrafo me llama la atención, como: "es más difícil describir que opinar, infinitamente más. En vista de lo cual todo el mundo opina”, de Josep Pla, abro los ojos, levanto mi huesuda mano y asiento mi conformidad.

Hoy mi nieta está adormilada.

Rompe el silencio un murmullo de voces que sale del estante de la biblioteca. Oigo la voz de Josep Pla, en la página 284 de Retrats de Passaport, que le recuerda a mi hermano Enric lo bien que comían en la Crémerie del Boulevard de Montparnasse, a pesar de ser un local barato, macilento y triste.

—¿Te acuerdas de Metzanov, el griego del Mar Negro, dibujante de frivolidades, que Mercader había conocido en Munich, cuando le preguntó a Miró si pintaba paisaje o figuras?
—Sí, sí, me acuerdo.
Responde mi hermano apoyado en la barandilla de un renglón del libro L'Odisea de Carles Riba. 

—Me acuerdo cuando Miró le dijo que pintaba sueños, que sentía simpatía por los surrealistas y Metzanov incrédulo, le respondió: ¿pintar sueños? ¿es posible? Si ya pintar unos zapatos, una corbata, las piernas de una señorita es difícil, pintar los sueños. Usted debe pintar signos…
y Miró con una violencia apenas contenida, el pecho hinchado, cargándose de hombros, la cara inyectada con una acentuada crispación enrojecida le contestó:

—Pinto como me parece; y si usted quiere pinto signos… ¿Y qué?

—jajajaja  Y tú ¿te acuerdas del dia que conocimos a Joan Miró?

—Recuerdo lo que escribió Pla de él: "Aquel muchacho bajito, regordete sonrosado, tieso, muy bien vestido con una ropa de color de hoja muerta y corbata colorada, tierno y fino. Llevaba bombín, presentaba unas mejillas admirablemente afeitadas y saludables, todo perfectamente conjuntado y bien dispuesto, todo era nuevo, el reloj de pulsera le marcaba la hora exacta, las uñas eran unos pequeños sorbos de rocío, la raya de los pantalones le caían verticalmente sobre las polainas que cubrían sus relucientes zapatos..."

¡Ay qué tiempos aquellos!
Añoro tanto aquella época de Paris de los años 20, cuando paseábamos por las galerías Rosenberg que voy a reanudar las tertulias de arte, de política y de literatura, por eso esta noche he quedado con ellos.
Siento que mi nieta sufra mi ausencia.
Me voy a dormir un sueño profundo. Sin retorno.

Zenda #historiasdelibros

2 comentaris:

  1. Qué bonito recorrido nos dejas. Ojalá tengas mucha suerte.
    Besicos muchos.

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    1. Muchisimas gracias. Algún dia tendrá que ser.
      Besos para ti.

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