dilluns, 27 de febrer de 2017

Destino Makena

Aquí en mi ciudad lo tengo todo, pero me siento vacío.
Las sonrisas parecen extinguidas, las personas distantes como muros blindados de egoísmo, seres pensantes de palabras mudas. Estancos.
Recuerdo a los que dejé en tierras de polvo y sequía sin cosechas, que trabajan explotados sin salario, que caminan kilómetros para conseguir agua o por acercarse a la escuela, la única posibilidad de salir de la pobreza.
Y pienso en Makena, la mujer pamue que conocí de cooperante, y que depositó su confianza en mí. Quiero volver a convivir en la carencia de una choza de nipa, pero con su mirada y su sonrisa de cerámica blanca pintada en la negrura de su piel, que me enseña la percepción diferente de la vida y de la muerte.
La que tienen quienes no poseen nada.



2 comentaris:

  1. A veces, quienes nada parecen tener, son los que más atesoran, tanto en el interior como para enseñar a los que creemos que no nos falta de nada. Sensibilidad y reivindicación bien expresadas, para sacudir conciencias dormidas.
    Un abrazo, Anna

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  2. Hay tantas conciencias dormidas tan profundamente y tan crónicas que si unas palabras sirven para caer en la cuenta que hay quienes no tienen nada, se me llenaría el alma de contento
    Un abrazo para ti, Ángel..

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