Que tu razón te acompañe


No saliste de mi vida hasta que pude apartarte de mi mente.
Desde aquel ayer hasta este hoy pasaron unos años.
No fue tiempo perdido el empleado en tratar de superar aquel proceso.
Lo expreso hoy que lo miro con perspectiva.
Entonces no me parecía fácil, cuando día a día trataba de entender aquel fracaso, aquella pérdida, aquel dolor, tu indiferencia dañina.
Nunca dijiste ni una palabra para intentar arreglarlo, ni una palabra de disculpa. Creías tener la razón.
Y te quedaste con tu solipsismo en la atalaya intransigente de tu egolatría. Conceptos profundos, si, como profunda mi tristeza que se transformó en ira, en enojo, y en mi no saber qué hacer para defenderme de aquella inexistencia. Dejamos un reguero de pólvora silenciosa alrededor de nuestro espacio, que estalló hasta no quedar nada.
Olvido.
Puede que dejes de ser, pero ahora en el más puro sentido de la existencia, ya dejaste de ser cuando necesitaba que fueras y te esperé mucho tiempo.
Se equilibrará la balanza.
Eso es lo que traen los silencios y mucho más, si se hacen eternos

5 comentarios:

  1. Cuan doloroso el desamor, ese sentirlo todo, querer darlo todo y sólo obtener indiferencia o peor. Lo has contado con mucha fuerza.
    Un abrazo, Anna

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  2. Hola Anna: lo que me ha llamado la atención, es la foto oon que ilustras esta , entrada tan desgarradora de desamor e ingratitud. Te mando mil besos. Cuéntalos y veras como no falta ni uno.

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  3. Tus palabras tienen una intensidad tremenda... Emociones en estado puro...

    Un abrazo

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  4. Los silencios dañan a veces más que las palabras, la indiferencia más que la sinrazón y la inexistencia más que el fracaso de vivir en el olvido.
    Fantástico.

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  5. Me has llevado por un camino hacia el interior profundo y abismal, ese que muchos conocemos de indiferencia y silencios. Precioso de la amanera que lo expones.

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