divendres, 21 d’agost de 2015

Inmunizado

Microrrelato seleccionado en el concurso de Microrrelatos de Abogados este mes de agosto.
Podéis votar si os apetece o pasar a leerlo en la propia web de abogacía. AQUÍ



Estoy a cargo de un caso que ha despertado mi interés por el mitridatismo del acusado. Es un hombre moreno, de buena percha, zoilo y de carácter iracundo. Asegura que su mujer tenia la pretensión de envenenarlo y que él, al descubrirlo, se protegió tomando la dosis de antídoto necesaria para crear resistencia. No llegó a denunciarla por intereses económicos. En el careo, la doncella, una atractiva mujer con cuerpo de modelo a la italiana, declaró que el señor le había encargado que le administrara veinte gotas de un tónico cardiovascular con el zumo del desayuno. La misma dosis, que le ordenó la señora que le diera con la infusión de la cena.
La que apareció muerta por envenenamiento fue la esposa.
¿Ingesta accidental? — No.
Complicidad. Infidelidad. Alevosía. Recompensa. Asesinato. Y cuestión de dosis. Dicto sentencia.


Palabras obligadas a incluir: percha, pretensión, modelo, cargo, moreno.

dijous, 20 d’agost de 2015

Del azul al rosa (del sildenafinilo a la flibanserina)

Me deseabas a todas horas. No respetabas si algún día me encontraba mal, o si teníamos invitados a cenar o si me sentía cansada. Siempre pensando en lo mismo.
Lo tuyo era obsesión.
Ahora te quejas de que no puedes seguir aquella marcha y quieres ser el mismo de antes y has empezado a tomar las azules. Con ellas no hay quién te pare y pretendes que yo me tome las rosas.

Lo que yo necesito contigo, es sentirme amada, es sentir tu abrazo de ternura, tus caricias; necesito charlas tranquilas con dialogo enriquecedor; necesito espacio; necesito dejar a un lado tanto estrés, tanta competitividad, tanto buscar el triunfo, tanto poseer.
Y verás como me suben los niveles del deseo sexual, que dices que tengo hipoactivo.


dilluns, 17 d’agost de 2015

Plagio del chiste. El vulgo y su vulgaridad


Allá por los años veinte, el filosofo Ortega y Gasset, en su “Rebelión de las masas”, lamentó, como un signo de falta de cultura, la perdida de autoridad de los mediadores del gusto. Quedó reflejado en la siguiente frase: “Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar su derecho a la vulgaridad y lo impone dondequiera.
La vulgaridad es la cara fea que olvida el buen gusto, el sentido, el acierto, la igualdad. Es una grosera espontaneidad de instintos elementales. Es absurda como querer iluminar el sol con una linterna.

Porque hay días como hoy,  que me apetece desatar la lengua, he incluido en la sección de mi blog de “El plagio del chiste”: EL VULGO Y SU VULGARIDAD


Tengo un marido zafio, al que aguanto por principios, desde hace años. Siempre ha sido un vulgar, pero sobretodo cuando bebe, que pierde el control.
Es tan grosero que si le hablas de política, lo que otros piensan se lo pasa por el culo. Así de claro. Si le hablas de relaciones, esta es una puta, aquella una lesbiana, el otro un maricón, aquel un cornudo y este un sumiso de mierda. A todos se los pasa por el culo. Si una mujer tiene un hijo siendo soltera, este pobre niño, es para él un hijo de puta, y a los dos se los pasa por el culo.
Que no se te ocurra estar deprimida que es un signo de debilidad intolerable, y se te pasará por dónde ya sabes. Es larga la retahíla de ordinarieces que salen por su boca. Es un cerdo.
Pronto va a ser nuestro aniversario. Estoy pensando en hacerle un regalo que no olvide con la misma facilidad que olvida lo que dice cuando está borracho. Beatriz, su hermana, me ha explicado que el cactus es una planta que atrae radiaciones negativas si se la coloca cerca de los ordenadores. Le voy a regalar el más grande que encuentre. A ver si surge efecto, además, me gustará ver la cara que pone cuando se lo pase por el culo.

dimarts, 11 d’agost de 2015

A ti


Nunca nuestros lazos fueron estrechos.
Nunca nos percibimos cercanos.
Cargaste tintas de odio.
Celos, egoísmo, rabia.
Los temas no resueltos
de tu propia infancia.
Tu aliada, sembró enemistad,
ahondó el abismo.
Ambos, sembrasteis vacío
en adultos sin personalidad.
Hasta hoy que somos, nada.
Somos nuestra memoria, 
somos ese quimérico museo de formas inconstantes, 
ese montón de espejos rotos”.

Solo eso somos, espejos rotos.

Necesito un velado recuerdo que me ayude a ignorar tu daño.




divendres, 7 d’agost de 2015

Debajo de un silencio




Ella, en muchas ocasiones, le había ofrecido a mi mujer que si se acercaba a su pueblo, las puertas de su casa las tendría abiertas y que un plato de buena comida y un buen vino no le faltaría.
Insistió tanto que aquel verano decidimos visitarla y previo aviso organizamos una escapada. Atravesamos la península de este a oeste, disfrutando, sin prisas, de un paisaje que no conocíamos. Al llegar al destino nos pusimos en contacto con ella, pero al parecer, ese día no era el adecuado para recibirnos. Se disculpó con una excusa que a mi me pareció baladí y quedó en llamarnos.

Mi mujer y yo descansamos en el hostal. Por la tarde salimos a visitar los alrededores.
Al día siguiente, nos mantuvimos en una prudente espera, sin recibir llamada alguna. Mientras nos fuimos a recorrer el entorno, disfrutamos del paisaje, de la vegetación, de la riqueza forestal, de los campos de viñedos, de las rocas pulidas por el viento, del clima fresco que nos dio un respiro en aquel verano caluroso.

Al día siguiente, igual.

Al otro, llamamos por teléfono. No contestó nadie. Mi mujer y yo quedamos contrariados. Casi discutimos porque insinué la falta de veracidad de aquella relación virtual. Comentamos el tema con el dueño del hostal que tenia referencias de aquella mujer y con ironía nos confesó que con su carácter, era capaz de no recibirnos y enviarnos a casa de collona, es decir, dónde te mandan, algunos, cuando les pareces impertinente. Así fue.

Decidimos regresar.

Y regresamos cargados, no tan solo de los productos que llevábamos para obsequiarla y de los de denominación de origen que compramos, vinos, quesos, embutidos etc., cargados con el incidente.

Ha pasado el tiempo y por fin mi mujer ha superado el descomunal desaire.
Se ha dado cuenta que debajo de aquel silencio, como de tantos otros, lo que se esconde es la filfa.

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