dimarts, 22 de setembre de 2015

Anécdotas del currelo

De pequeña, jugando con mis primos, tiré una piedra que fue a impactar a la chola de Farruco, un niño de raza caló, con tan mala bajandí que le abrí una brecha. La familia del gitano, al completo, se presentó en mi casa con el niño sangrando. Menuda bronca me llevé. Hoy en día tengo amistad con él y soy su doctora de cabecera. Entiendo muy bien el deje y las expresiones del hablar gitano incluso he incorporado en mi vocabulario palabras suyas, aunque su ingenuidad muchas veces me supera. Farruco vino a la consulta porque sentía chungos los gitanales — los genitales, le rectifiqué — pero cuando lo entendí, le di la razón, y es que de verdad los tiene morenos y de pelo rizado como sus churumbeles.


Nueva versión reducida del Plagio del chiste de los gitanos.

2 comentaris:

  1. Al final, hablemos en la lengua que hablemos, con buena voluntad, todos nos entendemos.
    Felicidades por tanta variedad en tus temas y un abrazo, Anna

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  2. he disfrutado enormemente el haberte encontrado

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