dilluns, 2 de març de 2015

Los yayos del paseo

Dejé a mi madre tranquila en la habitación de su residencia y me fui a pasear hacia la Barceloneta. Necesitaba sentir la brisa del mar, dejar de pensar y relajarme, ahora que la situación de su salud, después de ocho meses, estaba más estable.

En un banco frente al paseo marítimo, me senté.
Al cabo de un rato se acercaron dos yayos, acompañados de una cuidadora, que se sentaron a mi lado.
Mi mente retornó a los pensamientos que revolotean respecto a la vejez, la dependencia, la calidad de vida de los ancianos, dada la circunstancia actual de mi entorno, pero sin embargo, la vestimenta peculiar de los viejecitos, es lo que más me llamó la atención.

El, con gafas cuyo grosor de cristales distorsionaba sus ojos, llevaba una gorra de visera roja, con una inscripción japonesa plateada en el frente. Colgada en bandolera una bolsa de flores moradas, pantalones de estampado militar, con múltiples bolsillos laterales, y sandalias con calcetines blancos.
Ella, llevaba un sombrero de paja con una cinta rojo pasión que le caía por los laterales de la cara y que atada bajo la barbilla le engordaba los mofletes. Vestía falda negra y jersey verde pistacho y una bata estampada de flores rosas. Calcetines color carne enseñando las rodillas y sandalias de plástico amarillo chillón. En la mano, una bolsa de supermercado.

De la bolsa, la cuidadora sacó un bocadillo para cada uno. Empezaron a comer troceando el pan a cachitos que se llevaban a la boca, casi sin dentadura.

Pensé que yo nunca hubiera vestido de esa guisa a mis abuelos, pero que eso no tenía ni la más mínima importancia. Se les veía felices en aquella mañana soleada de excursión por la ciudad, con comida picnic incluida. Como niños.
Me miraron sonrientes. También les sonreí.

Aquella tarde, a mi madre la disfrazaron de india en una fiesta de su residencia. Fue feliz.


8 comentaris:

  1. Anna, una vez conocí a una señora mayor muy simpática y sabia, asturiana, para más señlas, que decía que es necesario adornar la vejez. El final de la etapa no debería ser triste y pasivo, sino todo lo contrario, el alma y su alegría tendrían que ser impunes a los achaques, y si el cuerpo no acompaña, que lo haga la ropa y los colores alegres, algo que tan bien reflejas en este estupendo texto.
    Un abrazo y gracias compartirlo.

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  2. Mi querida Anna, este texto destila respeto a la vejez, a esa edad que, si la circunstancia no lo remedia, pronto llegaremos. Ojalá podamos disfrazarnos y vestirnos de esa guisa ,que dices tú, que es señal de alegría y de calidad de vida.
    Te encuentro a faltar en Facebook, a tus risas, a tu humor, a tus comentarios.
    Un abrazo

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  3. Anna, a mi manera de ver estos viejitos van vestidos con ropas no apropiadas, pero eso es un canon que, puede quedar en una anécdota. Lo importante es ser feliz a la edad que sea. Olé por tu madre vestida de india.
    Besos

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  4. Niña, me ha costado un montón entender la manera de comentar en tu casa. por fin lo he conseguido. Te encuenro a faltar. Vuelve a la red del face.
    Con humor tal vez la vejez sea menos.
    Besos

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  5. Si se les ve felices lo demás no importa. Un abrazo

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  6. Lo que debe importarnos es que sean felices, ya a esa edad los prejuicios es lo de menos, además, ¡se les ha vetado tantas cosas a lo largo de sus vidas que , que más da vestirles con lo que les produce alegría y color!!
    Besicos muchos.

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  7. Y no les hiciste una foto...disimuladamente claro...jejejejejeje... o no, seguramente se hubieran dejado...SON FELICES.

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  8. Hola Anna, un saludo :) Ahora puedes ver mis ilustraciones en mi nuevo blog:
    http://carlosgvelascoilustracion.blogspot.com.es/

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