dijous, 16 d’octubre de 2014

Plagio del chiste de la obsesión

Cuando se sufre una obsesión que no deja vivir, que asedia (ese es el significado de la palabra en su etimología del latín), que ocupa y preocupa sin descanso. Lo que conviene es ir al psiquiatra.
El marido de mi hermana es lo que necesitaba.
Ella consultó a Beatriz, una experta psicóloga, amiga de la familia, que sabía desde hacía algún tiempo, que sus problemas iban afectando, no solo a su rutina normal, sino a sus actividades sociales y a sus relaciones de amistad.
Beatriz ya le adelantó que tenía un trastorno obsesivo compulsivo, irracional, que le creaba angustia.

El hombre en cuestión era empleado de una fabrica de conservas. 

Un día le confesó a su mujer su sufrimiento, porque se sentía poseído por una disparatada obsesión: introducir su pene en la cortadora de pepinos.
Su mujer le aconsejó consultar al medico pero él, retrógrado en su creencia, le respondía que los locos son los psiquiatras, que bueno, que ya se lo pensaría.

Pasaban los días, uno si y otro también e insistía, insistía, insistía con lo mismo. Su mujer harta de que no buscara solución le dijo:


- ¡Mételo pues en la cortadora de pepinos y no me molestes más!



Hoy el marido ha llegado cabizbajo, abatido, y con un color céreo en su rostro.
-¿Qué te ha pasado, querido? ¡Oh dime que no lo hiciste!.
-Lo hice, lo hice.
- ¡Oh no, por Dios! Gritó la mujer. ¿Y qué te han hecho?
- Me han despedido. Responde el marido.
- Pero… eh… y… la cortadora de pepinos, ¿te ha hecho daño?
- No, no. También a ella la han despedido.

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