Plagio del chiste de dejar de fumar

Si dejar de fumar fuera fácil, muchos de los que fuman abandonarían el hábito. Pero es complicado sobre todo para los empedernidos.

Mi marido fumaba a todas horas y desde muy joven. Cuando miramos fotos, recordando tiempos pasados, no hay ni una que no salga sosteniendo un cigarro.
Un día creyó que era momento de dejarlo. Tomó una decisión. Fue al especialista, le derivó a la enfermera, le dieron un tratamiento, py disminuyó el numero de cigarros por día.

La casa empezó a oler mejoro, (su aliento también), daba gusto abrir el armario sin que apestara su ropa, disminuyeron las quemaduras de colilla en las sabanas, en la mesita de noche, en los muebles. La cerámica del lavabo se liberó de los topos amarillos. Sus nuevas corbatas estaban intactas, tiramos camisas agujereadas como un Gruyere, las canas de su bigote no amarilleaban, al igual que sus dedos índice y corazón (esossss), sin ese manchón de nicotina.

En una palabra,  menos intoxicado y más marido que nunca.
Empezó a engordar. Sin dejar de fumar del todo.

Solo le quedaba ingresar en una clínica de deshabituación, donde emplean métodos más drásticos y más efectivos. Conciencian que el tabaco mata, que perjudica seriamente la salud, que te envenena, que produce cáncer... en definitiva,  le quitaron las ganas de fumar.

 —Pero Ernesto seguía fumando y me decía desesperado,  si, si, pero sin ganas, hija, sin ganas.


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