dijous, 17 d’abril de 2014

Plagio del chiste de dejar de fumar

Si dejar de fumar fuera fácil, muchos de los que fuman abandonarían el hábito. Pero es complicado sobre todo para los empedernidos.

Mi marido fumaba a todas horas y desde muy joven. Cuando miramos fotos, recordando tiempos pasados, no hay ni una que no salga sosteniendo un cigarro.
Un día creyó que era momento de dejarlo. Tomó una decisión. Fue al especialista, le derivó a la enfermera, le dieron un tratamiento, pactaron reducir el numero de cigarros por día.
La casa olía mejor (su aliento también), daba gusto abrir el armario sin que apestara su ropa, disminuyeron las quemaduras de colilla en las sabanas, en la mesita de noche, en los muebles, la cerámica del lavabo se liberó de los topos amarillos, sus nuevas corbatas estaban intactas, tiramos camisas agujereadas como el Gruyere, las canas de su bigote no amarilleaban, al igual que sus dedos índice y corazón (esossss), sin ese manchón de nicotina.
En una palabra,  menos intoxicado y más marido que nunca. Empezó a engordar. Pero el pobre  no acabó de conseguir dejar de fumar.
Decidió ingresar en una clínica de deshabituación. Emplean métodos más drásticos y más efectivos. Conciencian que el tabaco mata, que perjudica seriamente la salud, que te envenena, que produce cáncer... en definitiva,  te quitan las ganas de fumar.

Pero... si Ernesto sigue fumando
_Si, si, pero sin ganas, hija, sin ganas.


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