dijous, 20 de març de 2014

Historia de una queja

Controlada por la sanidad privada y ante la dificultad de expenderme una receta del tratamiento recomendado, por parte de la doctora de cabecera, (que al final si me hizo), porque es un tratamiento “muy caro”, decidí ser visitada por la sanidad publica.
Durante el año anterior y por trece meses, de mi bolsillo salieron, mensualmente 168 euros cada 28 días. El coste del tratamiento inicial. Para el nuevo tratamiento, un inyectable cada seis meses, cuyo coste es de 240 euros, estando financiado por la seguridad social, y siendo pensionista, me ponen trabas.
Cursé un volante para el especialista y al cabo de siete meses recibo la citación en el hospital de referencia de mi zona. A la hora prevista y con puntualidad me encontraba ante la puerta de la consulta tras haberme hecho minutos antes la prueba especifica para saber en qué estado siguen mis huesos tras el tratamiento. En la sala de aspecto impecable del hospital, de suelos de mármol y paredes de madera, mientras espero, se discute el administrativo de recepción, con una paciente que acaba de llegar. La señora solicita visita urgente y dice que le dijo el medico que se presentara a primera hora ante el mostrador. Se desató un toma y daca absurdo y de falta de entendimiento: “que si no lleva el volante, que si así no se puede venir, que si a mi el doctor me dijo que viniera directamente, que si yo cumplo con mi obligación, y no tendría que admitirla, que si yo no tengo la culpa...que si, que si...¡Qué hartura! y esto nada más empezar la jornada porque eran las 8’10 de la mañana. No quiero imaginarme al final de las horas de trabajo, el grado de saturación que tendrá este “funcionario” administrativo si empieza la jornada con estos modos. A mi parecer sin razón alguna. Ante una consulta, llaman varias veces a una paciente que todavía no ha llegado, y en un momento se ponen ante la puerta dos, cuando sale la enfermera despotrica diciendo “antes no había nadie y ahora todas a la vez, pues tendrán que esperarse”. Constato que el personal está excitado o he topado con la planta de “los bordes reunidos”. Todavía estaba por llegar, en exclusiva para mi, el plato fuerte.
Me da tiempo de leer el periódico entero cuando por el altavoz oigo mi nombre: ”pase por la consulta 23”. Se abre automáticamente la puerta y entro. Me encuentro al facultativo hablando por teléfono. Ni me mira, ni me saluda, ni me hace ningún gesto con el que yo pudiera pensar que se ha percatado de mi presencia. Me siento. Saco el informe que llevo para él y lo coloco sobre la mesa.
Más de un minuto estuvo en conversación. No hablaba de trabajo, que aún hubiera sido tolerable, no, era una conversación personal, ronronera, diría yo. Eso si me molestó. Fui un ente trasparente el que entró en aquel despacho.
Cuando colgó. Tampoco me miró, siguió ante una pantalla de ordenador y sus primeras palabras fueron: ¿a ver que tenemos aquí?. Lo que sigue tiene una sola lectura “un infame trato, ofensivo, distante, contrariado....”, a punto estuve de levantarme y marchar. Solo en un momento final de la conversación y sabiendo que era enfermera, se dignó mirarme y hablarme dirigiéndose a mi por mi nombre. El daño estaba hecho. Salí de su consulta decepcionada. Una vez en la calle me entró la llorera.

Esto es tan solo una parte de mi experiencia en visitas medicas. Historias para no dormir ¡ si yo os contara! . Mucho mármol en los suelos, mucho diseño en las salas, mucha tecnología, y mucho
imbécil, como el “perro pachón” que me encontré, que se llama doctor.
Pensar que he trabajado cuarenta años en la Seguridad Social y ahora que soy quien lo necesito y que tan solo pido un trato igual o parecido al que yo ofrecí estando en activo. No ha sido así.
¡Que pena!
Las siglas de este pachón son J.M.S. Si alguien quiere saber más es un especialista en Osteoporosis que trabaja en el Hospital de San Pau de Barcelona. Tal vez otras personas estén encantadas pero lo que es yo, no quiero volver a verlo nunca más.

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9 comentaris:

  1. Hola Anna.
    Me parece de una falta de humanidad y profesionalidad tremenda.
    Con médicos así l@s enferm@s salen de la consulta más enfem@s.
    Deseo que estés mejor.
    Petons, Montserrat

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  2. Vaya Anna que triste pensar en un trato así, yo creo que a todos nos ha pasado en alguna ocasión. Vamos mal y salimos peor... Pienso que hay profesiones que son vocacionales. Pero eso no lo da la profesión, lo da la propia condición de la persona, menos mal que todos los profesionales no son iguales. Un beso y ánimo.

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  3. ¡Ay amiga, cómo te entiendo!
    Nada me hubiera gustado más que haber estado a la salida para prestarte mi hombro.
    Unas veces te "toca" un bendito y otras (cómo en este caso) un "sieso porío"
    Tú eres profesional y sabes que de todo hay en este y en todos los gremios.
    Yo he sido empleada de banca y habría que ver las de siesos y buena gente que en mi profesión había y habrá.

    Paciencia amiga y mejórate.
    Besos

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  4. Lo siento mucho, Anna. No te merececías ese trato inhumano.

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  5. Gracias a todos por vuestros comentarios.

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  6. Jo, menuda situación, Anna. No me extraña tu disgusto. No sé la causa de sus malas formas, pero sí sé que a muchos sanitarios deberían encerrarlos en un zulo donde no tuvieran trato humano,
    Un abrazo solidario.

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  7. Siento mucho lo que te ha ocurrido, más grave e injusto porque tú has estado del otro lado y has dado buen trato; y me parece muy bien que lo difundas, que lo denuncies, que se sepa que hay profesionales que se creen por encima del bien y del mal (en todos los ámbitos) y no tienen derecho a propagar su mezquindad ni con la excusa del malestar o los recortes. Por suerte, todavía queda gente con algo de empatía y buen hacer. Da rabia porque seguro que ese día ya no diste pie con bola, estas actitudes son muy tóxicas.
    Un fuerte abrazo, espero que estés mejor.

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  8. Uf la de recuerdos chungos que tengo de los hospitales... es verdad que siempre hay algún/a médico o enfermero/a que da gusto y que trata a las personas como personas, y se agradece mucho porque las visitas al hospital son por motivos desagradables. Pero hay cada elemento... que le quitan a un@ las ganas de confiar en l@s profesionales de la salud.

    Un abrazo muy grande Anna. Y una sonrisa muy cálida y saludable.

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  9. Uiii, ara veig que el comentari que t'he posat al matí no hi és! Ja m'ha passat algún cop quan comento des de l'Ipad.

    Et deia que és intolerable el tracte que dónen alguns metges (i infermeres); i aquí que no em vinguin a excusar-se de que és culpa de les retallades. Si no saben tractar a un pacient, que s'en vagin a cavar a l'hort!

    Petons i abraçades!!

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