divendres, 21 de març de 2014

Plagio del chiste de los gitanos.

Campamento de gitanos V Gohg
Cuando éramos pequeños con mis primos, en un pueblo de veraneo de interior, que se llama Les Fonts de Terrasa, hacíamos expediciones montados en bicicleta. Recorríamos los caminos, por entonces sin asfaltar, de un lado a otro a toda velocidad.
Había una ruta que atravesaba un barrio, que le llamaban el barrio de los gitanos y en casa, nuestros padres, nos aconsejaban que no nos acercarnos porque tenía cierto peligro para nosotros. Mala bajandí que dirían ellos. Como casi siempre estos consejos nos los pasábamos por alto haciendo caso omiso. Nosotros lo atravesábamos.
Nos tiraban piedras a nuestro paso y nosotros respondíamos también, es decir nos currelabamos mutuamente, los payos y los gitanos.
Una vez lancé una piedra con tanta puntería que fue a dar en toda la chola de un chaval de raza caló. No me escapé de la bronca que me cayó después de este hecho, cuando toda la familia gitana se presentó en casa con su niño sangrando.
En otra ocasión, atravesando el barrio, fue víctima de una gran trastada,  un primo mío. Le atravesaron la rueda delantera de la bici con un palo y se vino abajo dándose de narices en el suelo.
Éramos tribus rivales en nuestros juegos al aire libre, que a veces acababan no demasiado bien.

Pasados los años, tengo mi consulta precisamente en un barrio poblado de gitanos de raza pura. Mi relación con ellos es excelente. El otro día Farruco Flores, un salado gitano me dijo:

__ Dostor, tengo molestias en los gitanales. Se man puesto chungos
__ ¿En los gitanales, Farruco? Querrás decir en los genitales.
__ No zé, dostor.  Como los veo morenos y con el pelo rizao como mis churumbeles.

Y es que me llenan de anécdotas con su graciosa forma de hablar.


dijous, 20 de març de 2014

Historia de una queja

Controlada por la sanidad privada y ante la dificultad de expenderme una receta del tratamiento recomendado, por parte de la doctora de cabecera, (que al final si me hizo), porque es un tratamiento “muy caro”, decidí ser visitada por la sanidad publica.
Durante el año anterior y por trece meses, de mi bolsillo salieron, mensualmente 168 euros cada 28 días. El coste del tratamiento inicial. Para el nuevo tratamiento, un inyectable cada seis meses, cuyo coste es de 240 euros, estando financiado por la seguridad social, y siendo pensionista, me ponen trabas.
Cursé un volante para el especialista y al cabo de siete meses recibo la citación en el hospital de referencia de mi zona. A la hora prevista y con puntualidad me encontraba ante la puerta de la consulta tras haberme hecho minutos antes la prueba especifica para saber en qué estado siguen mis huesos tras el tratamiento. En la sala de aspecto impecable del hospital, de suelos de mármol y paredes de madera, mientras espero, se discute el administrativo de recepción, con una paciente que acaba de llegar. La señora solicita visita urgente y dice que le dijo el medico que se presentara a primera hora ante el mostrador. Se desató un toma y daca absurdo y de falta de entendimiento: “que si no lleva el volante, que si así no se puede venir, que si a mi el doctor me dijo que viniera directamente, que si yo cumplo con mi obligación, y no tendría que admitirla, que si yo no tengo la culpa...que si, que si...¡Qué hartura! y esto nada más empezar la jornada porque eran las 8’10 de la mañana. No quiero imaginarme al final de las horas de trabajo, el grado de saturación que tendrá este “funcionario” administrativo si empieza la jornada con estos modos. A mi parecer sin razón alguna. Ante una consulta, llaman varias veces a una paciente que todavía no ha llegado, y en un momento se ponen ante la puerta dos, cuando sale la enfermera despotrica diciendo “antes no había nadie y ahora todas a la vez, pues tendrán que esperarse”. Constato que el personal está excitado o he topado con la planta de “los bordes reunidos”. Todavía estaba por llegar, en exclusiva para mi, el plato fuerte.
Me da tiempo de leer el periódico entero cuando por el altavoz oigo mi nombre: ”pase por la consulta 23”. Se abre automáticamente la puerta y entro. Me encuentro al facultativo hablando por teléfono. Ni me mira, ni me saluda, ni me hace ningún gesto con el que yo pudiera pensar que se ha percatado de mi presencia. Me siento. Saco el informe que llevo para él y lo coloco sobre la mesa.
Más de un minuto estuvo en conversación. No hablaba de trabajo, que aún hubiera sido tolerable, no, era una conversación personal, ronronera, diría yo. Eso si me molestó. Fui un ente trasparente el que entró en aquel despacho.
Cuando colgó. Tampoco me miró, siguió ante una pantalla de ordenador y sus primeras palabras fueron: ¿a ver que tenemos aquí?. Lo que sigue tiene una sola lectura “un infame trato, ofensivo, distante, contrariado....”, a punto estuve de levantarme y marchar. Solo en un momento final de la conversación y sabiendo que era enfermera, se dignó mirarme y hablarme dirigiéndose a mi por mi nombre. El daño estaba hecho. Salí de su consulta decepcionada. Una vez en la calle me entró la llorera.

Esto es tan solo una parte de mi experiencia en visitas medicas. Historias para no dormir ¡ si yo os contara! . Mucho mármol en los suelos, mucho diseño en las salas, mucha tecnología, y mucho
imbécil, como el “perro pachón” que me encontré, que se llama doctor.
Pensar que he trabajado cuarenta años en la Seguridad Social y ahora que soy quien lo necesito y que tan solo pido un trato igual o parecido al que yo ofrecí estando en activo. No ha sido así.
¡Que pena!
Las siglas de este pachón son J.M.S. Si alguien quiere saber más es un especialista en Osteoporosis que trabaja en el Hospital de San Pau de Barcelona. Tal vez otras personas estén encantadas pero lo que es yo, no quiero volver a verlo nunca más.

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dilluns, 17 de març de 2014

Siempre quise ser




























Por las noches me voy con Mozart. Es un placer tocar con él. Nos marcamos a cuatro manos sonatas, minuetos y fantasías. Un jolgorio de notas con las que disfruto intensamente.
Por los pasillos del cosmos ayer me encontré con mi padre. Nos dimos un fuerte abrazo. Sentí la calidez de su beso. Seguía llevando en el bolsillo de su americana, la misma foto que le encontré en la cartera el día que murió. Me emocioné de nuevo. Una foto mía de niña, en blanco y negro, en la que llevo en mi mano izquierda la palma, posiblemente antes de bendecirla en Semana Santa. Estaba recién operada de estrabismo y llevaba gafas con cristales de aumento. Sería domingo de Ramos y debieron de quitarme el parche que en ellas me ponían, tapándome un ojo, a días alternos, para ejercitar mi vista vaga. En aquella foto siempre le parecí muy tierna y a mi siempre me pareció horrorosa. Pero desde que la encontré en su cartera, impregnada de él, cerca de su corazón, me la quiero mucho.
Hoy vendrá al auditorio. Sabrá que por fin soy artista y que sigo cantando y que soy muy teatrera y que ensayo cuando me da la gana con mi maestro y que soy concertista de una compañía de pingüinos elegantes porque vestimos de frac en los conciertos.
En esta dimensión no necesito ocultarle la verdad como cuando era adolescente. Entonces le engañaba escapándome con mis amigos, los músicos, porque no quería que fuera “Niña de conjunto” como llamaba mi padre a mi afición de cantar.
De joven necesitaba volar y no pude, ahora, ya no quiero.
En sueños me elevo con mi fantasía. Con eso tengo bastante.



dimarts, 11 de març de 2014

Ellas deciden

 Con "Ellas deciden", de nuevo finalista en el concurso de microrrelatos de Wonderland, el programa de Rosa Gil de Rne4 del dia 11 de marzo de 2014.
Puedes escuchar el momento:AQUÍ










Como una reliquia guardo la baraja del Tarot, envuelta en papel de celofán en una preciosa caja. Aprendí a echarme las cartas con el método de tres: el Loco, el Mago y la Sacerdotisa.
Las mezclo y las coloco sobre la mesa. Me concentro mentalmente. Planteo una pregunta y escojo carta. Si sale el Loco, significa debilidad o tendencia a equivocarse; el Mago, pocas posibilidades o proyecto de cambio; la Sacerdotisa, respuesta afirmativa, todo irá bien.
Nuestra convivencia después de tantos años fracasó. Me fui con otro. No me creerías si te dijera que la culpa la tuvo el Mago.


diumenge, 9 de març de 2014

Corazón, sentimiento, camino



Si hay un corazón aventurero que avanza,
latiendo fuerte por disfrutar de momentos.
Si hay un sentimiento que se hace realidad
y se arropa en el mundo de sensaciones.
En aras de la verdad.
Sin cortapisas.
Si hay un camino que se recorre sin miedos
porque se presiente hermoso
en un destino que acerca a la amistad.

Ese corazón, ese sentimiento, ese camino 
es la vía que siempre quisiera recorrer
si me lleva a tu encuentro.

He disfrutado este fin de semana en la presentación de los libros de Isabel Martínez Barquero en Ontiyent,

Foto: Estación de Francia 7- 02- 2014 de Anna Jorba Ricart




diumenge, 2 de març de 2014

Adaptarse a las circunstancias

Relato finalista en el mes de marzo del concurso de Microrrelatos de Abogados
Hay veces que la suerte está a favor y en un par de días parece ser que me he puesto en racha.
Me motiva mucho y me invita a seguir, a aprender y a mejorar.
En esta ocasión las palagras que había que incluir en el texto han sido: baremo, bolso, telemático, ciudadano y consulta
El relato finalista es el siguiente:


Adaptarse a las circunstancias

He tenido que emigrar para encontrar un lugar adecuado dónde trabajar y poder desarrollar mis conocimientos. Soy abogado dedicado al Derecho de los negocios y acepté la propuesta de una empresa afincada fuera del país, que me obliga a viajar constantemente. En lo profesional mi objetivo es que esta empresa obtenga la mayor rentabilidad, actualizando los criterios en los procedimientos concursales y societarios, minimizando riesgos y costes y mejorando así su baremo final. En lo personal, separarme de mi familia me resulta lo más difícil. Soy un ciudadano sumergido en la vorágine de la crisis y sufro un coste emocional incalculable, cuando desde la habitación del hotel, al final de cada jornada, me comunico por correo telemático con mi mujer y mi hija que me desmonta, cada vez que me consulta ¿Volverás pronto, papá? Me he de conformar con besar sus fotos celosamente guardadas en mi bolso de viaje.

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