diumenge, 1 de desembre de 2013

Entresijos de convivencia

Hace muchos años que nos acomodamos el uno al otro por amor. Construimos un mundo ajeno a todo. Nos descubrimos poco a poco. Por ahí dicen que el amor es ciego pero no, no es cierto, enseguida vimos nuestras diferencias, admitimos nuestras manías, observamos nuestras inseguridades, saboreamos nuestro genio, contemplamos nuestras rarezas y esas "cadaunadas" de ambos.
Pero éramos jóvenes, nos adorábamos y podíamos con todo.

Creamos un hogar. Una historia encerrada en nuestros propios secretos. Un rincón de paz y guerra, de silencios y palabras, de sonrisas y de lágrimas, de encuentros, de bienestar, de abundancia y también de desencuentros, de desdicha, de escasez. A lo largo de tantos años no nos faltó de nada.

Pasó el tiempo y empezamos a ver diferentes las cosas. Acumulamos capacidad de intuir, de comprender, de aceptar, de sobrellevar, de tolerar, de soportar y ¡ay! ¡ay!, como si a fuerza de costumbre, se nos hubiera acumulado peso en nuestras espaldas y así empezamos a parecernos mutuamente insufribles, molestos y cansinos.
Lo admitíamos, pero no cambiábamos nada. Navegábamos entre pausas y silencios. Sentíamos un montón de veces la tentación de rebelarnos, de escapar, de rehacer nuestras vidas por separado. Anhelábamos la libertad que la vida en común nos escatimó. Necesitábamos volver a sentir nuestros pasos espontáneos, desenvueltos, sin cronómetros de tiempo a contra reloj, sin preguntas ¿A dónde vas?, ¿Con quién? ¿Vas a tardar mucho?
Con esa mansedumbre y conformidad nos dimos cuenta que habíamos dejado a un lado amistades, encuentros, actividades con personas que también nos importaban. Apegos abandonados sin razón alguna.

¿Qué había sido de nuestras emociones del principio? cuando todo era bello, atractivo, pacifico y manejable.
Un día nos dimos cuenta., reflexionamos y rectificamos.
Aquel principio de un adiós fue nuestro reencuentro.
Buscamos el secreto de habitar en nuestro propio espacio. Único para nosotros. Ser dos sin dejar de ser uno mismo. Y como dicen también por ahí, vivir la vida como si cada día tuviera que ser el último.

4 comentaris:

  1. Hola Anna.
    Estupendamente has relatado la vida de muchos matrimonios que llevan muchos años juntos.
    Yo diría que es como un crecimiento y conocimiento.
    Es ideal que cada uno tenga su propio espacio, respetándose y manteniendo loa fidelidad claro.
    Besos, Montserrat

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  2. No queda otra si queremos que funcione una relación de pareja. Ser con otro, pero ser uno mismo, sin sacrificios y sin sentirse que se han dejado atrás cosas. La convivencia con otro ha de ampliar el mundo, nunca restringirlo.
    Buena reflexión, Anna.
    Un beso.

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  3. No es fácil la convivencia y el amor no lo puede todo. Creo que la tolerancia y la confianza son buenas bases para la pareja

    Muy buen retrato Anna

    Petons

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  4. Como la vida misma Anna, muy bien relatada esa experiencia vital que empieza con "un mucho", pasa por tantas vivencias, tantas anécdotas, alegrías y tristezas...para al final darse cuenta que la convivencia solo es posible si se hace desde el punto de vista de la libertad compartida, es decir, ser uno mismo al lado de otra persona que nos prolonga, no que nos reduce. Así es.
    Un beso Anna.
    Encantada de leerte como siempre!

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