dimecres, 2 d’octubre de 2013

El baúl de mi profesión

Esta tarde he sentido nostalgia al recordar aquello que fui profesionalmente durante cuarenta años. Un montón de tiempo separa el día de hoy de aquellos inicios. Cuando regresas a los mismos lugares parece que se hayan borrado las huellas de nuestro paso y que nada existió,  y que nosotros tampoco existimos en ellos. Porque todo cambia. Y el pasado se desvanece. Y nada es igual. Y acabamos siendo una estadística, un nombre en alguna carpeta archivada en un estante inalcanzable Y un número, que en muchos casos es el 0 a la izquierda en la memoria de una huella perdida. Fuimos alumnos de un colegio, estudiantes de una escuela, empleados de una empresa. Fuimos...Fuimos...




Recién cumplidos los dieciséis, en el año 69, era miembro de la cuarta promoción de una institución que lideraba buena reputación en el proyecto de formar futuras enfermeras. Y digo enfermeras en femenino, porque, por aquel entonces la enseñanza diferenciada era el modelo educativo de la época, es decir, estudiantes separados por razón de sexo. 
La coeducación o el carácter mixto en las escuelas se instauró poco después.
He sabido recientemente que la escuela de enfermería de la Vall de Hebrón ya no está ubicada en el edificio que estaba. No entendí bien las razones. Probablemente por un acumulo de intereses de los estúpidos mandamases, por la maldita crisis, por la falta de presupuesto, por los motivos propios que en esta época actual nos arrancan de cuajo las raíces y en la que todo parece desmoronarse.

Más que nunca he sentido esa nostalgia al dejar atrás la época de juventud, la de aquellos estudios basados en una disciplina rígida de internado, que nos preparaba para enfrentarnos a la dura cotidianidad de trabajar en el hospital.


Se cumple el aniversario de aquel septiembre del 72, cuando estrené mi primer puesto de trabajo.

Dediqué mi vida a la profesión ocupando un lugar preferente en mis intereses, anteponiéndolos incluso a los intereses de mi propia familia, de mis amigos, de mi tiempo e incluso de mi misma.
Educada bajo los principios de una ética cabal con precio en alza, que he procurado mantener, no tan solo en el ejercicio de la profesión sino en mi vida. Tener constancia interna de no haber dejado un fleco por recoger escondido en la conciencia, que hubiera podido privar la atención y los cuidados precisos en cualquier momento, es motivo de ser y sentirme profesional y persona.


Continuará...
*** Recuerdo al CAP Maragall en esta entrada

Foto de Anna Jorba Ricart


2 comentaris:

  1. Buenos días Ana:
    Afortunadamente estos recuerdos están guardados en tu mente y en las fotografías son un manifiesto e lo que fuiste.
    Me encantan estas fotografías, que se pueden guardar en una caja o en un album.
    Aún conservas la belleza de aquellos tiempos.
    Besos desde Valencia, Montserrat

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  2. Hala Anna: Pienso que la belleza que lucimos ahora,-que la hay- no es la más hermosa, ni la más lozana, pero es una belleza especial, que la dà una larga vida, dedicadas en cuerpo y alma a nuestras carreras o profesiones. sin escatimar ningún esfuerzo. Con total entrega y vocación. Y esto se refleja en nuestras sonrisas, en nuestro talante, (tambén en nuestra espalda). Porqué engañarnos; no somos las mismas físcamente, pero somos mucho mejores interiormente. Y mucho mas sabias!!!

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