dijous, 31 de gener de 2013

Tragarse sapos

Soltó sin pensar, a bocajarro, aquella frase para manifestar su indignación en aquel momento, pero nunca se imaginó que el eco en la respuesta fuera tan perjudicial, ni mucho menos que la intransigencia de Pastora se pusiera tan de manifiesto. Ella con sus regurgitadas carótidas lanzó un grito histérico, un improperio directo ¡mierda, mierda! se dio media vuelta y desapareció por el foro.
Días después amigablemente le avisaron, pensó que tarde y a destiempo, poniéndole al corriente de las habituales reacciones que la mujer acostumbraba a tener, lo que alivió su sentimiento de culpa pero aumentó su decepción. Meses más tarde, observaba los canales de la correcta diplomacia por dónde aparentemente transcurrían sus conversaciones y seguía preguntándose: ¿Habrán sabido resolver sus diferencias? ¿Tanta necesidad tenían de comunicación? ¿Cual era la razón y el interés que había por medio?.

Una tarde, enfrascada en la lectura de la novela recién publicada de la escritora Isabel M B que tanto le gustaba y devoraba con fruición, encontró respuesta a una buena parte de sus preguntas, en las palabras de su personaje Víctor cuando expresa: ..."hay que juntarse con todo el mundo, disimular, guardar las apariencias, componer las sonrisas, no dar pistas a los enemigos, desplegar diplomacia y tragarse sapos"... con ellas entendió el juego.
Desde entonces se siente mejor, cree haber aprendido la lección, los sapos no le gustan, pero las ranas, bueno, las ancas de rana le vuelven loco.


Tengo un remedio para rehuir la conversación de la gente que me aburre:
 finjo estar siempre de acuerdo. A. Camus


Microrrelato publicado en la revista Verbo (des) nudo nº 12 del mes de diciembre de 2013


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