diumenge, 24 de febrer de 2013

Acababa de pisar la cubierta. Relatos


El Museo Marítimo de Barcelona con la colaboración de la Red de Museos Marítimos de la Costa Catalana, la Red de Bibliotecas de la Diputación de Barcelona y Ediciones 62 , convocaron el  I Concurso de Microrrelatos Marítimos.
Mi participación ha quedado reflejada en un libro virtual con todos los microrrelatos presentados, al que se puede acceder desde este enlace:

Una condición era incluir la frase Acababa de pisar la cubierta. Participé en tres ocasiones con los siguientes relatos:


JUNTOS PARA SIEMPRE en pagina 17

Los recuerdos de travesías placenteras, en veranos de infancia en L'Estartit, se confunden con la evocación de aquella mañana de mayo, cuando acababa de pisar la cubierta de mi barco, para consumar un deseo y pronunciar un adiós. Aquel día estrenaba una profunda soledad. Desde entonces converso con el mar. Pretendo una quimera. Le susurro palabras con el atrevido deseo que, a través de las olas, lleguen a quien necesito creer que las escucha.
Hoy, el vaivén de mi barca acuna otro desconsuelo. Si desde aquella mañana en las profundas aguas, mi padre descansa, desde hoy lo hace también, su compañera. Al fin juntos de nuevo y para siempre.

INCERTIDUMBRE  en página 17

Como cada día, cuando su hijo acababa de pisar la cubierta para ir a faenar, le deseaba la bondad de un mar sereno y calmo. No fue así. Sobrevino un repentino vendaval que descargó con furia sobre la costa. Ella contenía la respiración. Observaba tras los cristales con impotencia, aquel mar embravecido que había engullido, años atrás, la vida de su padre y ahora amenazaba la de su hijo. Las mañanas de angustia eran un estribillo cotidiano, encadenado al temor constante de que un día no regresara.
Pero el cielo se abrió y un rayo de luz iluminó su cara.

REENCUENTRO en pagina  24


Aquel día amaneció especialmente radiante. A la hora prevista acudí a la cita en el muelle de L'Estartit desde donde partiríamos con la barcaza hasta las Islas Medas, una joya de mi Mediterráneo. Acababa de pisar la cubierta cuando presentí que aquella experiencia sería única. Y así fue. Sumergirme en las aguas y contemplar el espectáculo que me regalaba el fondo marino me pareció sublime. El silencio sólo roto por mi respirar acompasado tomando oxigeno y la sensación de plenitud que, como una caricia, como un cálido abrazo me hacía sentir el agua, me confortó en aquel reencuentro con mi padre que, desde hacia muchos años, descansaba en ella.


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